viernes, 21 de abril de 2017

"Se llevaron las letras": relatos de allanamientos policiales a comunidades Mapuche

En esta primera crónica de encuentros con movimientos, organizaciones, comunidades y personas que juegan un papel central en las luchas en suelo chileno y/o mapuche, se relata el primer capítulo de este recorrido, en este caso sobre represión en suelo Mapuche.

Txema Abaigar y Lorena Cabrerizo, en Poder Popular

Rodeados de chiquillos entrevemos, a partir de sus palabras, la magnitud de los allanamientos a que fueron sometidas diversas comunidades Mapuche en los últimos meses y, especialmente, los ocurridos a finales del pasado mes de marzo en territorio Trapilhue y en el sector Cañihual, Tirúa. Además, pudimos visualizar los efectos materiales en viviendas y personas de diversas comunidades activas en la demanda legítima por la recuperación territorial y enfrentadas a “la usurpación capitalista en sus diversas formas económicas, sociales y culturales”, según definición de líderes comunitarios y que se concretan en compañías forestales y salmoneras, latifundistas y transnacionales de diversos sectores productivos que mantienen expoliado el territorio ancestral Mapuche. Pero también en sectores eclesiales diversos, que se perciben como actores dinámicos en la penetración de una espiritualidad enfrentada con el aprendizaje ancestral y la cosmovisión indígena, además de su correspondiente edificación material en territorio recuperado.

Sobrecogen los diálogos relativos al sobresalto de cualquier niño/a que se despierte en su habitación rodeado de policías de la división de investigación (PDI), que habían entrado en las casas armados y embozados (¿donde queda el cumplimiento de la “Convención de los Derechos de la Infancia”?), antes de pasar a escuchar los testimonios de las distintas “diligencias” operadas en los diversos domicilios de la/s Comunidad/es, de donde se llevaron una rudimentaria arma de caza, cuadernos y otros escritos. Los peques lo interpretan de una curiosa e inapelable manera: “se llevaron las letras”. Las descripciones no se corresponden entre la dureza de los acontecimientos y las tranquilas expresiones faciales de quienes nos lo relatan: “estamos acostumbrados/as y no vamos a desfallecer en la reivindicación y la lucha de lo que llevamos siglos reclamando. No vamos a permitir que nos afecte en nuestra disposición personal o familiar”. Y es que estremece escuchar cómo empieza a ser habitual que la niñez mapuche esté siendo apuntanda con fusiles y sacudida de sus camas para preguntarles por sus papas: “tenemos claro que la niñez está creciendo dentro del conflicto, y la violencia a la que son sometidos puede convertirse en violencia”, señalan sus progenitores.

A estas declaraciones y conversaciones, en las cuales el concepto “anticapitalista” aparece con fruición, les sigue el relato de recuperaciones de fundos (predios) y otras movilizaciones por el derecho del Pueblo Mapuche a determinar cual es su modelo social, económico y cultural. Como colofón, un recuerdo especial hacia Alex Lemún, Matias Catrileo, Juan Collihuin, J. Cariqueo, Jaime M. Collío, Huentecura, Marihuan, Ñanco, Huenupe, Nekul, Huenante y otros peñi (hermano/s) asesinados, a quienes hay que añadir recientemente el feminicidio de la lamgen (hermana) activista Macarena Valdés Muñoz en Liquiñe. No se olvidan de los presos y presas politicos/as Mapuche y nos relatan el caso de Lorenza Cayuhan, que fue obligada a parir engrilletada y en presencia de gendarmes, antes de ser devuelta a la prisión. Y sin olvidar a la anciana machi Francisca Linconao, que estuvo en Huelga de hambre durante 14 días, denunciando un montaje judicial.

Ya en otra comunidad del vasto territorio Mapuche, las heridas en las manos y rostro de una lonko (autoridad mapuche) nos muestran que esta realidad va más allá de una posible puntualidad de actos brutales, reflejando la cotidianeidad de una represión que genera cicatrices físicas y anímicas, y que acrecientan la decisión de las mujeres y hombres del Wallmapu por conseguir un territorio libre y autoorganizado. Un territorio en el cual estos relatos que parecen salidos de una novela de terror (lamentablemente histórica), formen parte del pasado y que su derecho a vivir en paz y bajo su propia determinación sea lo que defina su presente y su futuro.


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